viernes, 14 de noviembre de 2008

LA CONFESIÓN, POR ARTUR LONDON, CHECOESLOVAQUIA








LA MEMORIA INGENUA DE LAS VÍCTIMAS DE STALIN. La purga que Stalin promovió contra sus opositores y luego entre sus propios partidarios, para imponer la aceptación acrítica de sus directivas muestra el grado de degradación a que puede llegar el ser humano (mandó a matar incluso a las esposas de sus propios secuaces, y estos aceptaron esos crímenes pasivamente, temerosos de correr igual suerte). Stalin tomó las líneas centrales de la política leninista: el terror rojo, la intolerancia, la imposición por la fuerza, la extinción física de grupos sociales tildados de retrancas o enemigos, etc., y las llevó a su hinchazón monstruosa.

Artur London fue una víctima de su propio monstruo. Mientras el terror se aplicaba a otros, él fue un partícipe de la orgía de sangre y abusos en nombre de “la Historia”, esa mixtificación marxista. Después de todo, ¿no fue Marx mismo el que pontificó sobre que los partos de la historia eran sangrientos? Cuando la sed de sangre le incluyó, entonces “el padrecito de los pueblos”, Stalin, se transformó en un ser malo y el aparato de crimen y abusos que el mismo London contribuyó a construir, le mostró a él su cara inicua y horrenda. La maldad de Stalin no proviene de que asesinó a sus propios hijos. No deriva de que mandó a asesinar a Trotsky, otro asesino, o que exterminó sin piedad a los trotskistas (que, a su vez, habían exterminado con igual impiedad a muchos otros campesinos, obreros, revolucionarios rusos). No, la maldad de Stalin deriva de un modelo de pensamiento, el marxista, que se propone como verdad única y que proclama la fuerza como su vía de alcanzar un poder que, ya alcanzado, hay que retener a cualquier precio. Ese sistema de pensamiento, amoral, criminal y seudocientifico (una teología atea e inhumana), produce una falsa sensación de invulnerabilidad, de certidumbre, de ser un heraldo del futuro y de estar autorizado a dirigir la sociedad. No hay manera de que ese modelo no produzca, con las diferencias secundarias que las personalidades, las circunstancias y otros condicionantes implican, a monstruos tipo Stalin. Ahí están los Castro, los Pol Pot, los Abimael Guzmán, los Mao, los Tirofijos, los Kim Il Sung, los Tito, etc., para demostrarlo. Y están también monstruos que no llegaron a desarrollar todo su mortífero potencial, pero no por eso lo tenían menos, con sus manos manchadas de sangre como los Che Guevara, los Palmiro Toggliatti,… Este libro de Artur London es una crónica desangelada del martirio que un cómplice de la gran matanza stalinista padeció. Lo penoso es que él no es capaz de darse cuenta de la real crudeza de su caso. Clama por su inocencia y busca justificarse frente a los herederos del gran criminal:

http://www.scribd.com/doc/7397043/Artur-London-La-Confesion

No hay comentarios: