viernes, 14 de noviembre de 2008

LA NOCHE DE LOS LÁPICES, POR MARIA SEOANE, ARGENTINA







LA VERDADERA HISTORIA DE LOS AÑOS 60 Y 70. Durante los años 60 y 70 del siglo 20, la juventud latinoamericana fue chantajeada y obnubilada por un enfoque inicuo, erróneo y mortífero: renunciar a la democracia y a la libertad, denunciadas como burguesas, inútiles y soporíferas, para predicar y proponer una “dictadura”, supuestamente de “la clase obrera y los campesinos” (quienes siempre son de las primeras víctimas del totalitarismo, y sino, véase la historia rusa). Dicha dictadura había que imponerla por la fuerza, mediante la “guerra popular” y las “guerrillas”, la violencia política y el terrorismo. Y un detonante de ese enfrentamiento entre “el pueblo” (los extremistas) y el Estado era provocar un golpe de Estado que forzara a las fuerzas armadas a asumir el poder. En la lógica de ese razonamiento, promovido en forma obsesiva por el gobierno cubano, las arbitrariedades, incapacidad política y gubernamental, abusos y tropelías de los militares, favorecerían la indignación y rebeldía de la población. Eso facilitaría que alrededor de los partidos extremistas se nuclearan cada vez un mayor número de segmentos sociales y se derrocaría violentamente mediante una insurrección al gobierno militar. Aprovechando el caos, prometiendo democracia y libertad, elecciones, etc., los extremistas se apoderarían del poder, someterían por la fuerza a quienes discreparan, radicalizarían al país e impondrían su anhelada dictadura del proletariado, contra toda la sociedad que sería reducida a sangre y fuego. Bajo esa lógica, en todos los países latinoamericanos surgieron focos guerrilleros, se pusieron bombas, se hicieron atracos, se asesinó a policías, militares y autoridades civiles, se secuestró, se asaltó, se provocó a diestra y siniestra. Y en muchos países los militares, con la complacencia de los políticos que dominaban los Estados Unidos para la época, particularmente Richard M. Nixon y su Secretario de Estado, Henry Kissinger, depusieron los gobiernos civiles y asumieron el control del Estado. ¿Resultado? Una bacanal de sangre, de torturas, de abusos, de corrupción y de depravación. Pero las rebeliones sociales no acontecieron. Los grupos extremistas fueron diezmados, y de paso también fueron asesinados, encarcelados, torturados y desaparecidos demócratas, liberales, opuestos al golpismo y al gorilismo.Son repudiables y más que repudiables las conductas de los Pinochet, de los Videla y Massera. Igual las de los Nixon y Kissinger, coautores de los crímenes. Igualmente repudiables son los dictadores como Stroessner, Somoza… Pero no menos responsables son los terroristas y extremistas que forzaron esas situaciones con sus actos irracionales y delirantes, el comediante en jefe Fidel Castro y su megalomanía. Que hayan sido víctimas de sus propias maquinaciones absurdas no les hace menos responsables. Unos azuzaron las fieras, y cuando las fieras se soltaron, les devoraron. Mal por las fieras, pero igual de mal por sus provocadores. Y, como siempre, hubo víctimas inocentes de la barbarie protagonizada por los seudorredentores extremistas y sus verdugos:

http://www.scribd.com/doc/7471592/Maria-Seoane-La-Noche-de-Los-lapices

¿ASESINÓ STALIN A LENÍN?, UNA ENTREVISTA CON ANGEL MAESTRO.







Ángel Maestro: "Las tragaderas occidentales respecto a los crímenes del marxismo- leninismo han sido y continúan siendo gigantescas"

La Editorial Áltera acaba de publicar la última obra de Ángel Maestro, “¿Asesinó Stalin a Lenin?”. Ángel Maestro, politólogo, sociólogo y periodista, es uno de los mayores estudiosos españoles del comunismo, por lo que sus obras sobre el tema siempre recogen informaciones novedosas y hasta sorprendentes. El libro está prologado por Pío Moa.

El director de Minuto libros le ha hecho la primera entrevista sobre su reciente libro:

En su libro sostiene que Stalin fue el responsable de la muerte de Lenin, ¿nos puede explicar brevemente porqué?

Una opinión que estuvo muy extendida, y sobre la que se ha vuelto varias veces, especialmente basada en testimonios interesados de Trotsky, fue la del envenenamiento de Lenin por Stalin. Se olvida que Stalin, tan conocido por su crueldad y su paranoia como por sus millones de víctimas, era también un hombre de una inteligencia extraordinaria. Su táctica fue incomparablemente superior a la del envenenamiento. Lenin, desde 1922 hasta su muerte en enero de 1924, sufrió una serie de ataques cerebrales que llegarían casi a la parálisis total, pero sorprendentemente conservó su lucidez mental. Con un Lenin impotente Stalin agudizó al máximo los hechos que podrían acelerar las crisis cerebrales hasta el final. Solución perfecta y con total ausencia de huellas delatoras.

Stalin fue encargado por el Politburó de la salud de Lenin, y ello siguiendo las propias disposiciones de éste, que estableció el principio de que la salud de los miembros del partido debía ser preocupación del partido, y no de los familiares del paciente ¿Se arrepintió Lenin de esta disposición, que fue utilizada por Stalin en su contra?

Puede decirse que Lenin cayó preso en su propia trampa. No resulta difícil comprender a un tipo hiperactivo al extremo como era Lenin, verse impotente y sin posibilidad de transmitir sus órdenes, controlado en todo momento por Stalin. Éste afirmaba que se limitaba a obedecer las disposiciones dadas por el camarada Lenin de que el control de la salud de los dirigentes correspondía al partido y no a la familia. Como el Politburó le había designado para tal misión, cumplía rigurosamente con la misma. Ante tal situación, el estado psíquico de Lenin empeoraba aceleradamente: su excitación y enfurecimiento agravaron de forma constante su deterioro cerebral hasta lo irreversible.

¿Se arrepintió alguna vez Stalin de su participación directa en la muerte de Lenin?

Haría falta haberse introducido en el cerebro de Stalin. Pero mi opinión personal es que no se arrepintió en absoluto. Por el contrario debería estar íntimamente satisfecho de la habilidad de su jugada. Existe una frase suya, pronunciada en los años treinta, tremendamente reveladora de su especialísima personalidad:”Escoger cuidadosamente la víctima, preparar minuciosamente el golpe, ejecutar una venganza implacable y enseguida irse a dormir. No hay nada más dulce en el mundo”.

El resto de dirigentes del partido ¿no percibieron las intenciones asesinas de Stalin, o más bien le dejaron hacer por ser también para ellos un estorbo?

No sólo Lenin, sino los miembros del politburó consideraban que el terror masivo no era una necesidad transitoria, sino un principio básico. Los Zinoviev, Kamenev, Bujarin, Radek, Piatakov, Preobrajensky…-posteriormente ejecutados por Stalin-, veían en éste un buen organizador, un hombre del aparato del partido ducho en organización, pero intelectualmente muy por debajo de ellos, no un sucesor de Lenin. Trotsky sentiría un gran desprecio por la formación teórica marxista de Stalin, considerándole incapaz de suceder a Lenin.

Cuando Stalin enfermó y vio cerca el fin de sus días se convirtió en un auténtico neurótico que no se fiaba de nadie, ni de sus médicos, ¿tuvo algo que ver en esta actitud se actuación con Lenin?

Indudablemente. La actuación de Stalin con Lenin ejercería una influencia total. La paranoia de Stalin se agudizó al extremo en sus últimos años, hasta un punto difícilmente mensurable. Eliminó a personas de su intimidad más próxima. Al más caracterizado de sus médicos personales, el profesor Vinogradov, al comandante de su guardia y seguridad personal, el general Vlasik, al jefe de su secretaría personal durante muchos años, Poskrebishev... Cuando en marzo de 1953 se produjo su fallecimiento, preparaba de nuevo una gigantesca purga del partido, al estilo de la época del gran terror, en la que habrían sido eliminados los Molotov, Malenkov, Beria, Jruschof, Kaganovich, etc.

Usted conoce en profundidad el Comunismo y los desastres humanos a los que arrastró -y por desgracia arrastra- a los países en los que se hizo con el poder. ¿Cómo explica que aún hoy gran parte de la intelectualidad defienda una ideología criminal como el Comunismo?

Las tragaderas occidentales respecto a los crímenes del marxismo- leninismo han sido y continúan siendo gigantescas. Un culto a una utopía ciega todo lo disculpa, achacándose los errores a desviaciones de la idea original. Así el culpable puede ser Stalin, o Mao, o Pol Pot, pero nunca la utopía en sí misma. Sin ese misticismo exacerbado no resulta comprensible que ante tales crímenes - los estalinianos ejecutando muchos más comunistas que ningún sistema fascista- no se produjera una deserción masiva, un desfondamiento total de sus seguidores. Sólo hubo algunas excepciones como Koestler, Orwell…Y lo curioso es que en 2006, cuando contamos con testimonios tan abrumadores como los Stephen Courtois, determinada “intelectualidad” siga defendiendo tan sangrienta utopía y el marxismo-leninismo, casi muerto en el Este, se haya realizado en gran medida en el Oeste, consiguiendo en parte el paso de la sociedad cristiana occidental a la sociedad pagana occidental.

¿Cómo es posible que, oculto bajo las siglas de Izquierda Unida, sobreviva en España el partido comunista y, además, con representación parlamentaria?

Hoy en Europa se ha producido cierta desideologización de las fuerzas marxistas, lo que no ocurre en España. Aquí conserva el marxismo leninismo subyacente en Izquierda Unida todo su vigor, compartido por el ala radical del Partido Socialista, en la destrucción de los valores clásicos, ya sean religiosos, familiares, patrióticos, librándose de las escorias que la ligaban todavía a la sociedad tradicional. Por las reiteradas exhibiciones de su curioso y más caracterizado dirigente, representa algo verdaderamente paradójico por una particular mezcla de anacronismo e ignorancia.

El populismo que parece que poco a poco se vuelve a adueñar de Hispanoamérica (Bolivia, Venezuela, quizá Ecuador), ¿se puede definir como nuevo Comunismo?

El populismo hispanoamericano está basado en una peculiar mezcolanza de indigenismo y utopía marxista leninista, eficazmente aprovechado por un sistema totalmente marxista leninista como es el de Cuba. La potencia petrolífera venezolana, con enormes yacimientos aún sin explotar, ha salvado y ha servido a la matriz ideológica cubana, hasta hace muy poco limitada a los confines de la isla, para transmitir el comunismo adaptado con una flexibilidad verdaderamente leninista a Hispanoamérica. Un marxismo leninismo al estilo del de “Sendero Luminoso” de Perú, no habría tenido nunca la aceptación demagógica que puede tener el populismo.

Usted es desde hace tiempo miembro del Consejo de Redacción de “Razón Española”, una de las más veteranas revistas española de pensamiento ¿Cómo ve la situación de la intelectualidad española de “derechas” y su influencia política y social actual?

El panorama es mucho más esperanzador que hace años. Hay valores consagrados que han seguido manifestando permanentemente la verdad sin complejos y afortunadamente han surgido y surgen valores sin el complejo absurdo e irreal de esa pseudoderecha centrista continua peticionaria de perdón y de disculpa permanente. Una rebelión contra esa dictadura totalitaria del pensamiento único

“Razón Española”, fundada por ese genio del pensamiento español contemporáneo que fue Gonzalo Fernández de la Mora, sigue fiel a los conceptos con que se fundó, enriquecida de forma continua por la aportación de esos nuevos pensiles.

Javier Pérez Roldán

Minuto Digital, 4 de noviembre de 2006

LENIN, EL PECADO ORIGINAL DEL COMUNISMO, POR EVGUENI EVTUSHENKO, RUSIA





Al regresar del campo de concentración, el poeta disidente Julij Daniel, al que había defendido en la época de su oscurantista proceso de 1966, me contó que, en las paredes de las letrinas, alguien había grabado con un clavo o con la punta de un cuchillo -introducido a escondidas- muchos versos de mi poema La universidad de Kazan, entre ellos los siguientes: "En los días de servidumbre espiritual, / en los días de oscuridad, / las prisiones, conciencias de Rusia, / fueron su primera universidad".

En la época de la redacción de mi poema sobre Lenin, cuando trabajaba en los archivos de la ciudad de Kazan, tropecé con un valioso documento: las denuncias sobre el estudiante de 17 años Volodia Ulianov (más tarde convertido en Lenin), recogidas por la policía y luego conservadas en el KGB y protegidas por el sello de secreto reservado. En una de dichas denuncias se relataba el siguiente episodio: después de la ejecución de su adorado hermano mayor, un estudiante terrorista, varios camaradas, compadecidos del hermano menor, le arrastraron a un ventorro de mala fama, en el que le obligaron a beber todo un vaso de 200 centilitros de vodka. Volodia se lo tragó como un sonámbulo, casi ciego y sordo, y luego los camaradas le empujaron a beberse una jarra de cerveza, acompañada de pepinos en salmuera y pan negro de centeno. En la mesa de Volodia se sentaron dos putas que ofrecían sus servicios a los estudiantes a mitad de precio y, a veces, por pura amistad, "sencillamente porque sí". Derramaron alguna lágrima y consolaron a Volodia mientras le acariciaban la cabeza, pero él no se daba cuenta de nada y, con la mirada fija en un punto que sólo él veía, no hacía más que repetir: "¡Vengaré a mi hermano! ¡Vengaré a mi hermano!".

En otra denuncia se decía que, cuando los estudiantes le llevaron a casa en aquel estado hipnótico y obsesivo, con una idea fija, arrancó de la pared el mapa de Rusia, lo arrojó al suelo y, con un aullido de animal acorralado, lo pisoteó y lo hizo jirones con manos y dientes.

Resulta interesante que, en 1917, Pasternak, que no había podido leer estas delaciones, describiera en una de sus poesías -todavía poco conocida- el regreso de un Lenin sumido en pensamientos jubilosos, consciente de que había llegado, por fin, el momento de vengar al hermano adorado. No cabe duda de que Alexander Ulianov, el hermano de Lenin, debía de ser noble y valiente; pero, si hubiera seguido arrojando bombas, está claro que la metralla, junto a los "verdugos del zar", habría matado a muchos de sus siervos inocentes y a numerosos transeúntes, y la represión policial se habría agudizado aún más.

¿Contra quién se volcó verdaderamente la venganza de Volodia Ulianov?

Sus tres consignas prodigiosamente acertadas conquistaron el corazón de la gente, ya exhausta por la insensatez de la I Guera Mundial: "¡Paz para el pueblo! ¡La tierra para los campesinos! ¡Las fábricas para los obreros!". Pero la I Guerra Mundial se transformó en una sangrienta guerra civil; la propiedad de las tierras y las fábricas no fue a parar a los campesinos, sino al Estado, que exigió, a quienes trabajaban el suelo, hasta documentos para circular por dentro del país -con lo que les convirtió en siervos-; y dejó a los obreros prácticamente sin derechos políticos ni sindicales. Fue la dictadura de la burocracia, no del proletariado, y, si bien se consolidó definitivamente en tiempos de Stalin, ya había comenzado en la época de Lenin.

Los miembros de la generación de los años sesenta nos hacíamos la ilusión de que luchábamos contra las "doctrinas de Stalin", que, según creíamos, había traicionado los ideales de Lenin. Pero había sido Lenin, tal vez sin darse cuenta, el primero que había traicionado sus propios ideales, porque no había hecho realidad ninguna de las tres primeras consignas del bolchevismo, los lemas que habían engañado al pueblo y habían llevado al poder a un puñado de bolcheviques. Fue Lenin, y no Stalin, el que firmó el decreto para la creación del primer campo de concentración de Europa, en Solovki, en 1918, destinado a quienes no comulgaran con sus ideas. Stalin fue el padre del Gulag, pero Lenin fue su abuelo. Quien alimente todavía alguna ilusión sobre Lenin debería leer la pequeña selección de citas suyas reunida por Venedikt Eroféiev, Mi pequeña leniniana.

Fue Lenin quien escribió a Dzerzhinski la nota en la que le aconsejaba que "arrestase a treinta o cuarenta profesores" para restablecer el orden. En ese número impreciso se oculta el inicio del totalitarismo. En la época de la guerra civil, Lenin recomendó a Stalin que amenazara con el fusilamiento a las telefonistas de Caritsin si no mejoraba la calidad de las comunicaciones telefónicas entre dicha ciudad y Moscú. Fue Lenin quien ordenó fusilar y ahorcar sin piedad a los campesinos que escondían el grano para que no se lo confiscaran los bolcheviques. ¿Cómo iban a sobrevivir si no lo hacían? Lenin es responsable de la escasez sufrida en las regiones del Volga, cuando la gente empezó a devorarse entre sí, del mismo modo que Stalin tiene la responsabilidad de la escasez durante la época de la colectivización forzosa en Ucrania.

Mi padre, que era geólogo, me decía cosas -todavía vivía Stalin- que me guardé para mí, pero por las que, de acuerdo con las normas de la moral estalinista, debería haberle denunciado al NKVD, la policía política: "En nuestro país no existe el socialismo. En nuestro país hay un capitalismo de Estado". Y el Estado devoró a los pequeños propietarios y se convirtió en dueño de todo, desde los botones hasta las bombas atómicas.

Sí, es verdad que en la era soviética había una buena educación gratuita, atención sanitaria, centros de vacaciones, el intento de plasmar una amistad entre pueblos de diversas nacionalidades. Había una hermosa Constitución que defendía los derechos de los ciudadanos, pero que era letra muerta. (Y no se puede olvidar la enorme contribución del pueblo soviético a la derrota del fascismo). Sin embargo, se negaba el derecho humano elemental a la libertad de pensamiento. Todo lo que se apoya en la violencia y la sangre, tarde o temprano se viene abajo. Lenin lo comprendió al final de su vida, y se horrorizó al comprobar los resultados de su esfuerzo para "vengar a su hermano", pero ya no podía detener a su discípulo -por desgracia, fiel-, que había paralizado políticamente a su maestro, cuyo cuerpo ya estaba paralizado.

Hay que estudiar a Lenin, desde luego. Ahora bien, cuando se estudia la historia es preciso saber exactamente qué conviene aprender y qué no.

El pasado puede ser un maestro muy valioso, pero también, quizá, el maestro más peligroso.

Publicado en EL PAÍS, España, el 25 de enero del 2004

HITLER GANÓ LA GUERRA, POR WALTER GRAZIANO, ARGENTINA









VIGENCIA DE LAS IDEAS RACISTAS Y TOTALITARIAS. Las ideas totalitarias, disparatadas, delirantes y obtusas que se articularon en el nacionalsocialismo, estalinismo de derechas tanto como éste fue el fascismo de izquierda, no han sido derrotadas. Muy por el contrario, renacen y sacan la cabeza una y otra vez. Hitler, en todo lo absurdo, criminal y aberrante que representó, sigue vivo. Los estados vencedores: Estados Unidos, Rusia, mientras por un lado montaron los juicios-espectáculos de Nurenberg, por el otro reclutaban a científicos nazis para sus planes de hegemonía global. Así, criminales de guerra se vieron redimidos de su responsabilidad en genocidios y otros desmanes. Simultáneamente, las potencias occidentales facilitaron la huida a Sudamérica de verdaderos monstruos de maldad como Joseph Mengele y otros psicópatas, que se radicaron en Chile, Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay. Desde allí se reconstruyeron redes neonazis y se continuó el proyecto hitleriano. Hace unos años, ante mi estupor, una “editorial” colombiana neonazi mantuvo un stand en la Feria del Libro dominicana. Y los libros neonazis estaban allí expuestos desvergonzadamente. Es decir, para que nos entendamos: allí estaba promoviéndose el pensamiento de individuos que nos consideraban a nosotros, los dominicanos, pueblo mulato, personas de segunda prescindibles, a los que en el mejor de los casos se nos sometía como esclavos y, preferentemente, se nos exterminaba para no contaminar la raza aria. Imagínense, ese pensamiento esta vivito y coleando, agazapado, a la espera de su oportunidad. El totalitarismo fascista o estalinista no ha sido vencido. Sus propulsores se mantienen activos. Los sueños delirantes de dominación mundial continúan encendiendo las mentes de psicópatas que están dispuestos a hacer lo que sea en pro de sus ambiciones. Y si los individuos partidarios de la sociedad abierta, democrática y plural, centrada en principios de respeto, tolerancia, igualdad ante la ley y valores humanos, permanecemos pasivos o indiferentes ante sus pretensiones, las bestias pueden de nuevo tomar el mando y hundirnos en la peor de las pesadillas. Este blog es un esfuerzo personal, humilde y solitario, de asumir mis riesgos y declarar mi decisión en pro de la libertad, de la democracia, de la pluralidad, de la disensión, del respeto al otro y de la apertura. Contra todo totalitarismo, contra toda exclusión, contra todo abuso, contra toda discriminación. Y es que las ideas de los Stalin y los Hitler no han muerto. Y este libro es su mejor demostración:

http://www.scribd.com/doc/2428905/Hitler-gano-la-guerra

MANUAL DEL PERFECTO IDIOTA LATINOAMERICANO, POR P.A. MENDOZA, C.A. MONTANER Y A. VARGAS LLOSA








UN HITO DE
LA DECENCIA INTELECTUAL.
Si algo sobresale en nuestros países latinoamericanos es la ingenuidad. Esa candidez se combina con una creencia irracional en milagros que facilitan a charlatanes y demagogos escandilar las mentes de las personas y prometer lo que sea, con tal de conseguir su anuencia y su respaldo. Y los sectores instruidos y aparentemente pensantes no escapan a este sortilegio. Por el contrario, participan de él. No hemos sido instruidos en la suspicacia, la valoración crítica, el discernimiento, sopesar argumentos, verificar datos, revisar la historia personal, las conductas y los hechos, detectar las estrategias implícitas, las agendas particulares, los reales intereses que subyacen tras de tanta belleza. No nos enseñan a pensar, porque es más fácil manipular masas alienadas. Pero igual sucede con quienes supuestamente tienen como conducta el pensar: los intelectuales. Y eso nos hace “perfectos idiotas”. Repetimos guías elaboradas con clisés y frases hechas, “verdades” que son reales imposturas, maquillamos hechos y disfrazamos realidades. Somos cómplices de criminales y de crímenes: justificamos, minimizamos, mentimos y ocultamos. Esa es la historia real de la izquierda intelectual latinoamericana, tan nefasta y asqueante como la de la derecha intelectual latinoamericana. Ambas cómplices de mantener en el atraso y el oscurantismo a la región y a su gente. Sobre esa marea de infundios y falsías, navegan los demagogos populistas e izquierdosos, y los no menos letales y persniciosos caudillos de la derecha. Todos prometen un paraíso al que se accede sobre los cadáveres de los opositores. Y cuentan con sus bocinas “intelectuales”: los hay de Castro al igual que los hay de Pinochet, los hubo, ¡y mucho!, de Trujillo, el providencial, tal como los hay de los Chávez y los Correa. Los hay de los Bush, tal como los hay de Perón. Por cobardía, por oportunismo, por sumisión rastrera o por codicia, la intelectualidad latinoamericana se postró ante su déspota de turno o ante el totalitarismo escogido: fue secuaz de matones, cómplice de delirantes ególatras, verduga de sus pueblos. ¡Y ese papel siguen ejercíendolo muchos! Este magnífico libro, escrito por tres ensayistas políticos que echan la única pelea que vale la pena, la pelea por la libertad, por la democracia, por la tolerancia, contra los totalitarismos, es junto con Del buen salvaje al buen revolucionario, de Rangel, un texto fundamental de la decencia intelectual:

http://www.scribd.com/doc/6134674/Manual-Del-Perfecto-Idiota-latinoamericano

LA CONFESIÓN, POR ARTUR LONDON, CHECOESLOVAQUIA








LA MEMORIA INGENUA DE LAS VÍCTIMAS DE STALIN. La purga que Stalin promovió contra sus opositores y luego entre sus propios partidarios, para imponer la aceptación acrítica de sus directivas muestra el grado de degradación a que puede llegar el ser humano (mandó a matar incluso a las esposas de sus propios secuaces, y estos aceptaron esos crímenes pasivamente, temerosos de correr igual suerte). Stalin tomó las líneas centrales de la política leninista: el terror rojo, la intolerancia, la imposición por la fuerza, la extinción física de grupos sociales tildados de retrancas o enemigos, etc., y las llevó a su hinchazón monstruosa.

Artur London fue una víctima de su propio monstruo. Mientras el terror se aplicaba a otros, él fue un partícipe de la orgía de sangre y abusos en nombre de “la Historia”, esa mixtificación marxista. Después de todo, ¿no fue Marx mismo el que pontificó sobre que los partos de la historia eran sangrientos? Cuando la sed de sangre le incluyó, entonces “el padrecito de los pueblos”, Stalin, se transformó en un ser malo y el aparato de crimen y abusos que el mismo London contribuyó a construir, le mostró a él su cara inicua y horrenda. La maldad de Stalin no proviene de que asesinó a sus propios hijos. No deriva de que mandó a asesinar a Trotsky, otro asesino, o que exterminó sin piedad a los trotskistas (que, a su vez, habían exterminado con igual impiedad a muchos otros campesinos, obreros, revolucionarios rusos). No, la maldad de Stalin deriva de un modelo de pensamiento, el marxista, que se propone como verdad única y que proclama la fuerza como su vía de alcanzar un poder que, ya alcanzado, hay que retener a cualquier precio. Ese sistema de pensamiento, amoral, criminal y seudocientifico (una teología atea e inhumana), produce una falsa sensación de invulnerabilidad, de certidumbre, de ser un heraldo del futuro y de estar autorizado a dirigir la sociedad. No hay manera de que ese modelo no produzca, con las diferencias secundarias que las personalidades, las circunstancias y otros condicionantes implican, a monstruos tipo Stalin. Ahí están los Castro, los Pol Pot, los Abimael Guzmán, los Mao, los Tirofijos, los Kim Il Sung, los Tito, etc., para demostrarlo. Y están también monstruos que no llegaron a desarrollar todo su mortífero potencial, pero no por eso lo tenían menos, con sus manos manchadas de sangre como los Che Guevara, los Palmiro Toggliatti,… Este libro de Artur London es una crónica desangelada del martirio que un cómplice de la gran matanza stalinista padeció. Lo penoso es que él no es capaz de darse cuenta de la real crudeza de su caso. Clama por su inocencia y busca justificarse frente a los herederos del gran criminal:

http://www.scribd.com/doc/7397043/Artur-London-La-Confesion

FANTASIA ROJA, LOS INTELECTUALES DE IZQUIERDA, Y LA "REVOLUCIÓN" CUBANA, POR IVÁN DE LA NUEZ







LA TRAICION A LA ETICA Y A LOS VALORES POR LOS INTELECTUALES. El siglo XX sometió a los individuos a formidables e insoportables presiones y amenazas, a la vez que les conminó a urgentes decisiones. Los aparatos de propaganda, la manipulación de las conciencias, la presión social, obligaron a tomar partido a millones de personas. Y los extremistas marxistas o fascistas chantajearon, amenazaron, forzaron a escoger sus sangrientas y tortuosas opciones a esos millones de individuos asustados, emparedonados, engañados. La democracia, la libertad, el derecho individual, la tolerancia y el respeto al otro fueron las grandes víctimas. Los reichs hitlerianos o stalinistas, los paraísos de Mussolini o Mao, impusieron sus férreas cadenas a las respectivas poblaciones. Millones de asesinados, perseguidos, silenciados, enjaulados en los campos de concentración (que demuestran que pese a sus chácharas, son iguales), muertos por inanición, abusados y despojados… sociedades erigidas en base al principio de Goebbels de que “la mentira repetida miles de veces termina por convertirse en verdad” (tal como la salud y la educación cubanas, en un país sin medicina ni buenos servicios, y en donde el pensamiento es perseguido y la mediocridad gobierna). Los intelectuales, la intelligentzia, el sector pensante de la sociedad, fueron corrompidos y conquistados por los patanes rojos o camisas pardas. Se arrastraron a sus pies, salvo honrosas excepciones. Cantaron a Hitler o a Stalin, como Pablo Neruda, Nicolás Guillén o Louis Aragon. Fueron bocinas de un payaso como Mussolini, tal como hizo Ezra Pound; cómplices de la tortura y muerte de sus amigos y colegas tal como Paul Eluard. Y todo por migajas, por un reconocimiento espúreo, por gozarse en el beneficio del potente aparato propagandístico de la izquierda que promovía a escritores dóciles y corrompidos moralmente. Muy pocos resistieron, defendieron la libertad, la pluralidad, el derecho a la disensión, la democracia, el respeto a las minorías y al individuo… Esos valores fueron y siguen siendo impopulares, pues los extremistas y radicales, partidarios de las dictaduras del proletariado o de los ayatollahs, de los generalotes o de los caudillos, abundan, proliferan, predominan y siguen usufructuando y medrando en los “aparatos ideológicos del Estado”. Sus acólitos y “compañeros de ruta” anidan en los medios de comunicación, en las escuelas y universidades, en las fuentes de opinión y en las ONGs e instituciones públicas y, desde allí, pontifican, regulan, condicionan y actúan para sus innobles causas. Las utopías seudorredendotas prosiguen encandilando las mentes incautas. Y los seusorrevolucionarios aprovechan oportunistamente la ingenuidad y la estulticia. Alguien se preguntaba: quién le lavó la cara a Stalin, el infame asesino y su cohorte de criminales. Las relaciones públicas del aparato de propaganda extremista y la complicidad de los intelectuales que endosaron, justificaron, difuminaron y distorsionaron hechos y situaciones, elevaron a la categoría de paradigmas a imitar a verdaderos criminales y abusones como Lenín, sociópata inmisericorde, Trotski, el asesino despiadado, a Stalin, Mao, Pol Pot, Jruschov… verdaderos asesinos en masa. La complicidad y la vergüenza de la intelectualidad de izquierda es una de las grandes decepciones del siglo XX que se prolonga a estos inicios del siglo XXI:

http://www.scribd.com/doc/7471384/Ivan-de-La-Nuez-Fantasia-Roja-Los-Intelectuales-de-Izquierda